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Cómo elegir un champú por el problema, no por la etiqueta

Cada frasco promete un pelaje hermoso. La pregunta útil es más precisa: ¿qué le pasa al pelaje que tienes ahora mismo?

4 min de lectura

Una mano dosificando producto de aseo de un frasco sin etiqueta

Recorre cualquier estante de aseo y todos los frascos hacen la misma promesa. Por eso la promesa no sirve para elegir. Lo que funciona es partir del defecto que sí puedes ver y elegir la fórmula creada para él.

Empieza por el defecto, no por la raza

La raza es una señal débil. Dos pomeranias de la misma casa pueden necesitar productos completamente distintos si uno tiene pelaje de cachorro y al otro lo han lavado en exceso durante un año. Mira el pelaje que tienes delante y ponle nombre al problema.

  • Se siente áspero o como paja. Eso es pérdida de hidratación. Necesitas un champú de hidratación curativa, y conviene seguirlo con un tratamiento en lugar de un acondicionador superficial.
  • Pierde el volumen al caer la tarde. Eso es peso, no falta de densidad. Un champú de volumen sin sulfatos y un acondicionador que no deje película sobre el pelo.
  • Ha perdido intensidad de color. Nueve de cada diez veces eso es acumulación de producto. Clarifica antes de iluminar: un champú iluminador sobre una fibra recubierta hace muy poco.
  • Se enreda entre baño y baño. Hidratación y deslizamiento, aplicados antes de cepillar.
  • La cara se mancha. Ese es un trabajo diario y suave, no uno semanal y agresivo.

Diluir no es opcional

Las líneas profesionales están formuladas para diluirse. Usadas puras caen en un solo punto a plena concentración, y entonces frotas para repartirlas: eso es fricción sobre pelo mojado, y así es como se fabrica el siguiente enredo.

Por eso también un frasco grande profesional dura más que varios baratos, y por eso comparar los precios de etiqueta engaña.

Dos productos ganan a cinco

El error más común es comprar uno de cada cosa. Un lavado ajustado al defecto más un tratamiento rinden más que un estante de frascos a medio usar, porque lo que hace el trabajo es la rutina, no la variedad.

Empieza con dos. Dales tres lavados. Después cambia una sola cosa.

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